Music Legends Festival 2018 – Día uno

En construcción

 En los tiempos que corren en los que lo superficial gana y lo liviano se abre paso, cuando los youtubers  influencers desplazan la letra impresa y los snaps digitales arrinconan el cine, cuando en la música los álbumes dan tumbos en las puertas de la extinción y el referente es Daddy Yanki, ó Pit Bull o Enrique Iglesias, entonces, asomándonos al Apocalipsis de la cultura en general y del Rock en particular, los conciertos mueren y llegan los festivales.

 Los festivales son la nueva formula comercial de consumo de música en directo. Carteles infinitos, bien adornados de nombres atractivos que en pequeñas grageas de tiempo se hacen digeribles hasta al cerebro más perjudicado por la ingesta brutal de cerveza y metanfetamina. Ahora los festivales son top, cool, full y acandemor. Hay turismo de festivales, publicaciones de festivales, festival de festivales y no hay pueblo o ciudad que exista en el mapa que no tenga el suyo propio. Si no tienes tu propio festival, tío, no estas. You are dead.

 Como ha quedado dicho los carteles de los festivales incluyen muchos nombres (si son nacionales la mayoría tienen que ser indies y tienen que aparecer Izal, Vetusta Morla, Sidonie y Love of Lesbian, sino no vale) y siempre hay un cabeza de cartel que hace de reclamo preferente, de cebo y de tirón.

 El BBK Legends Festival como su nombre indica es un festival y como tal presenta una serie de nombres atractivos que actúan con el parámetro del tiempo como principal condicionante y, por lo tanto, ajustándose  la dictadura del reloj como funcionarios noruegos. En ese sentido, todos cumplieron. Un gran festival. Todos empezaron a su hora y terminaron en punto. Genial. Que fenomenal. Lo que todos esperábamos. La razón de habernos desplazado tantos kilómetros. La puntualidad. Muy bien.

 El artista cabeza de cartel de esta III  edición era, ni más ni menos, que Steve Winwood.  No sé si leyenda, pues pocos tan apartados de la farándula y del oropel como él, pero grande, grande. Grande sin reservas. Referente e historia sin matices del Rock. Y además, muy poco dado a dejarse ver por estos pagos. Para los que llevamos más de cuatro décadas siguiéndole en sus discos y nunca pudimos verlo en directo una oportunidad única.

 Y fue puntual. A la hora que le mandaron salió a tocar. Fantástico. Exacto. No sonaba, eso sí, pero no pasa nada. El horario se cumple. Los técnicos no se enteraban, pero todo bien. Dicen que tocó I´m a Man. Puede ser. Yo no la oí. Por menos que eso a Lou Reed le montaron una muy gorda, con invasión de escenario incluida, que los cronistas aún dicen que ahí empezó la Movida. Pero no aquí. Esto, amigos, es un festival. Dicen que cantó Pearly Queen. Oiga, pues será verdad. Yo no la escuché. Nadie se daba por aludido. La única vez en la vida que iba  a poder este verdadero referente, y vaya por Dios, resulta que es en un festival, y lo importante es el horario. No se repitieron las canciones que no escuchamos ¿para qué? Luego vino lo del ver de quien era responsabilidad. Minutos de debate sobre el escenario. Winwood dice que se va  hasta que se solucione el asunto. Al final se queda y toca a la guitarra Them Changes. Y la guitarra no suena. Pero se cumple el cronograma. Todo bien. Por fin, una vez escamoteada aproximadamente una cuarta parte del cupo que le correspondía. Winwood, impecable, que debía estar bastante rebotado, se marca Cant find my way home con extenso solo de guitarra de Neto, extenso solo de saxo de Booth, extenso solo de batería de Bailey ( en serio ¿ solo de batería? ¿Aún?) y extenso solo de percusión de Sanz (¿¿??).  Vamos, lo que todos queríamos. En vez de Medicated Goo, John Barleycorn o While you see a chance un solo de bongos. Lo suyo. Que no digo que no fuera bueno, pero… Para ver tocar bien las maracas se sobran oportunidades. Y por fin, ya, empezó el concierto. Media hora sensacional en la que se demostró por que Winwood representa en la historia del rock una de las páginas imprescindibles; Empty pages, Low spark…, Higher love, una maravillosa, maravillosa, maravillosa Dear Mr Fantasy y, como no,  Gimme some loving. El tío está en plena forma. Y sonó la hora. Es un festival, ni bises ni zarandajas. Es que la gente, ya adoctrinada, ni los pide. Todos para casa. Que te escamotearon el 25% de la actuación estelar por un fallo de sonido… por 50 pavos, gastos de gestión incluidos, que querías.

 Decir que se me hizo corto si que es quedarse corto. Es como si de dicen que vas a comer el menú del  Celler de Can Roca y te dan un tapper con un par de canapés, eso sí, muy bien presentados y ricos.

 Ah. Se me olvidaba. Los demás del programa también cumplieron el horario. Y sería injusto no alabar sus ganas de divertir y de conectar con el público en un tiempo record. Valorar la profesionalidad, de Siniestro Total, Mavi Staples y Wilko Johnson, todos grandes, divertidos y entregados al disfrute de la música, por encima de otros condicionantes. De manera sobresaliente Norman Watt-Roy, bajista de Wilko, todo un ejemplo de lo que es entregarse en escena.

 Ah, y se me volvía a olvidar. También actuó un grupo de allí. No pegaban ni con cola. Algo de subvenciones o compromisos con la cultura propia, supongo. Creo que eran intelectuales, como para festival Indie, pero no les entendía y no sé. Parecían densos y sesudos. Con estos sí que el tiempo no se hizo corto. Aquí si que los 60 minutos dieron mucho de sí. Hasta puede que bastante largos.

Publicado por diamantesmusicales en Noticias y tiene Comentarios desactivados