… y en eso llegó “DIOS” y mandó a tocar, parafraseando aquella otra famosa. En los años 60 en el barrio de Islington de Londres, se podían leer pintadas como “Clapton is God”.
El día del “Apagón” nacional (20 de octubre de 2025), fueron puestas a la venta las entradas del concierto de Eric Clapton en Madrid para el 7 de mayo de este año en curso de 2026. Esa mañana con dos ordenadores insistimos hasta conseguir las entradas.
Esta vez no se nos podía escapar el dios de la guitarra. Diamantes Musicales quiso en su día asistir a la despedida final de Cream en el Royal Albert Hall de Londres, Él, Ginger Baker y Jack Bruce lo dejaban todo, era el año 2005.
Entonces varios Diamantes estudiamos el ir a Londres a la despedida. El dinero poderoso caballero nos echó para atrás. En esta despedida suya, que lo será no iba a estar solo.
En este evento sobrenatural y después de más de veinte años Él, Eric Clapton llenó con quince mil fans el Movistar Arena (Palacio de los Deportes). Llegó con su pandilla musical: Doyle Bramhall II con la Guitarra, al Bajo: Nathan East, con la Batería: Sonny Emory. Teclados/Piano: Chris Stainton, tocando el órgano Hammond: Tim Carmon y haciendo los Coros: Sharon White y Katie Kissoon.
Sabíamos que iba a estar tocando una hora y media. Se nos presentó con un simple good night Spain y eso fue todo lo que dijo. Vestido elegantemente, Eric iba con camisa blanca y una guitarra en sus manos, la Fender Stratocaster.
… y en eso llegó “DIOS” y mandó a tocar.
Para ir abriendo boca se soltó con el “Badge” de Cream. Siguió con sus versiones de “Key to the highway” y “Hoochie coochie man”.
Los asistentes quedamos impresionados cuando el pabellón se inundó de las voces de las chicas y los sonidos de los instrumentos de la banda cuando se oyó la música de Bob Marley tocada por Eric and Cía. “I shot the sheriff”.
Y le llegó el momento de enfrentarse en solitario al apartado de acústico. Sentado en una silla de madera y con una guitarra española, empezaron a sonar las notas de “Kind hearted woman”. Siguió con “Nobody knows you when you’re down and out” y “Golden years”.
Su mítica “Layla” nos pilló por sorpresa, esperábamos oírsela electrificadamente pero nos conformamos con su versión acústica, es la misma pero más lenta.
El momento cumbre de su gran noche acústica madrileña fue cuando la histórica canción dedicada a su fallecido hijo Conor “Tears in haven” sonaba maravillosamente en un pabellón emocionado.
Dejó la guitarra de madera, apartó la silla y volvió con la Fender. “Holy mother” reanudándose el sonido fuerte del blues de Clapton versionando a Robert Johnson, aquel que vendió su alma al Diablo en un cruce de caminos y sus canciones de carretera como Crossroads y “Little queen of spades”.
Con “Cocaine”, canción esperada por todos, resultó un largo y maravilloso éxtasis de todos, los músicos y público.
Él y la banda cortaron y se fueron sin cumplir lo acordado, una hora y treinta minutos. Fuimos testigos desde nuestra posición de como Eric mandaba varias veces que se retiraran del escenario y que se dirigieran a los camerinos.
No hubo despedida alguna. No hubo saludos. No hubo bis alguno. Eric y los suyos no volvieron. Se encendieron todas las luces y a la calle todo el mundo.
En los concierto previos a este de Madrid, los fans pudieron escuchar como despedida “Before you accuse me”. Aquí ni eso.
Nadie supo que había pasado. Un rato después y ya en la calle se corrió la voz de que un energúmeno le lanzó a Eric Clapton un LP dándole en el pecho. Por este comportamiento, el final no fue todo lo feliz que habíamos deseado desde hace veinte años. Una noche histórica e irrepetible para todos nosotros las generaciones de los 60, 70, 80, 90 y dosmiles. Le tuvimos muy cerca, lo tendremos en nuestra memoria por siempre.
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